BUENOS MOMENTOS Y EL CEPILLO DE LAS LIMOSNAS

Me propongo no hablar del calor que hace. Es un tema bastante plomo y en cuanto más hablamos de él más parecen correr los sudores por el canalillo del escote. Hablaré de las cosas importantes, de días que pasarán a la historia de mi humilde biografía humana. Todos tenemos nuestros momentos, y yo, esta primavera, he vivido algunos dignos de enmarcarse. Mi novela “Canciones de amor mentido” se ha vestido de largo y de chulapa madrileña con flores de Feria, mientras yo iba tras ella babeando, como una madre orgullosa. He firmado libros y he charlado con lectores que se acercaban a comprar la novela porque ya habían oído hablar de mis letras. Toda una conquista en estos tiempos canallas en los que sólo unos pocos tienen acceso a los grandes medios. Ahora que ese instante de escaparate ha pasado, queda el regusto del lado dulce de la vida. El cariño y el calor de los que me quieren: mi familia, mis amigos, mis editores, la gente que me lee y me escucha. Esos indispensables que me apoyan en todos los momentos, en los buenos y los malos.
– Hoy te veo yo muy blandita… -dice Barda levantando la cabeza. Está tumbada sosteniendo un papel entre las patas y algunos trozos del blanco material asoman entre sus caninos -. A ver si se te va a haber subido el éxito a la cabeza y te has quedado un poco tonta.
– Los buenos momentos son un regalo, Bardita, y hay que disfrutarlos. Y deja de comer papeles que luego cagas muy raro y terminamos en el vete.
– Es que estaba practicando un “dobla, dobla, dobla” para hacerme un abanico, pero ya sabes que las manualidades me dan hambre.

Lo que hay que aguantar. Le daba yo “dobla, dobla” al Consejero de Sanidad. ¡Qué manera de faltarle al respeto al ciudadano!

Con Carlos de Tomás en CC Blas de Otero

– ¿Has visto, peluche? Ya has hecho que vuelva la bruja curuja que hay en mí.
– Pues a mí me molas más así – dice Bardita levantándose y oteando los alrededores. Seguramente busca un buen lugar donde tumbarse–, ese tonito de melosa canción del verano no te pega nada…
– Es verdad, además razones para ponerse de mala uva tenemos de sobra.
– Déjame adivinar – detiene su búsqueda un instante y clava en mí sus ojazos negros-, apuesto a que lo de Amancio Ortega te ha afectado.
– Qué bien me conoces, perrita. Ya sabes lo que pienso sobre la caridad, en general, pero lo de este hombre ya es increíble. Un señor que amasa una fortuna gracias al esclavismo y la explotación infantil y que evade millonadas con alegría, pretende lavar su dinero y su imagen haciendo un regalito a la sanidad pública. Sólo nos faltaba eso, que lo público se convirtiera en el cepillo de las limosnas del mundo empresarial.

Feria del Libro de Madrid 2017

– No te enfades, mujer -dice Barda y creo ver un brillo travieso en sus ojos- que enfadarse da mucho calor.
– Hemos dicho que…
– Ah, es verdad, que no íbamos a hablar del calor. Pues si quieres – suspira y se tumba de medio lado – hablamos de la justicia o la fiscalía, que también tienen tela que cortar, o mejor aún, de la corrupción, que también empieza por “c”.
– Ay, peluche, pareces nueva, la palabra corrupción, en España, empieza por “P”.

Barda se gira, se tumba panza arriba y casi puedo oír una carcajada canina. Yo también me río y me levanto en busca de algo fresquito para beber. Al final uno no puede evitar hablar de la corrupción en nuestro país, como también se hace difícil no hablar del castigo de las altas temperaturas, porque cuando hace calor, hace calor.

Sed felices

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UN PAÍS LLENO DE SOL Y LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Siento tristeza por Manchester y tristeza por los inmigrantes que mueren en el Mediterráneo. Asco por los mercachifles del negocio de las armas, culpables de tanto sufrimiento y pena negra por el fanatismo de todas las religiones. Ese sería mi titular en estos días y, por desgracia, de los que vendrán. La intolerancia y el egoísmo se alían con la estupidez humana. Aún no ha llegado el momento de la cordura. Pero llegará, tarde o temprano, llegará, o eso esperamos muchos. Mientras eso sucede, hay que seguir soñando y poniendo nuestro minúsculo grano de arena para que el futuro sea mejor.
– Pues aquí, me parece que lo tenemos difícil con tanto corrupto – dice Barda mordisqueando lo que queda de un calcetín que me robó esta mañana.
– Sí, en nuestro país la cosa se complica, Bardita. De estúpidos vamos sobrados y de sinvergüenzas, ni te cuento.
– Menos mal que tenemos un buen clima…
– Eso es verdad, vivimos en un país lleno de sol que, energéticamente hablando, no aprovechamos, lleno de ingenieros y científicos que se tienen que ir a otros lares a desarrollar sus profesiones, de artistas que no pueden vivir de su arte, de…
– Vale, vale, ya sabemos: España es así – dice bostezando-. A ver ¿no te habías propuesto ser algo más positiva?

– Sí, en términos generales, sí. Pero es que este país no hay por dónde cogerlo, peluche. Aunque tienes razón, como siempre. Nosotras a lo nuestro, que la vida es breve.
La verdad es que llevo un mayo de lo más intenso. Mi nueva novela ha paseado por la capital del reino, he cantado con mis amigos de Música Tuya en la Fnac y aún tenemos dos eventos importantes: la presentación de la novela en el Centro Cultural Blas de Otero en Sanse y una mañana de firmas en la Feria del Libro de Madrid. Ahí es nada. El sueño de todo escritor.
– ¡Ay, qué ganas tengo de ir a la Feria! – dice Bardita levantando el hocico de forma teatral.
– Bardita, ya te he dicho que te pongas como te pongas, no vendrás conmigo a la Feria, porque si tienes el día torcido y te da por ladrar a los madrileños, nos echan.
– Eres un poco inquisidora, ¿no te parece? Bueno, pues tú te lo pierdes -dice abandonando el calcetín y empezando a ahuecar su almohadón para echar una buena siesta-. Además, qué quieres que te diga, para pasar calor, prefiero esperarte en casa. Yo sólo quería ir por hacerte compañía y que el tiempo se te hiciera más corto…

– Gracias, peluche, ya sabes que el tiempo tiene sus propias normas, a veces se alarga sin medida y otras nos sorprende su brevedad – le digo yendo hacia la cocina a prepararme una jarra de agua de limón.
Cuando regreso, Bardita ya duerme. Es una pena, habría querido seguir hablando con ella sobre ese ente tan misterioso llamado tiempo. Estos días, cuando se ha cumplido un año del momento más terrible que me haya tocado vivir, siento que la bestia del dolor muerde con menos intensidad. La muerte de mi hermana y mi cuñado sigue en la cabecera de mis penas, sin embargo, según van avanzando las semanas, algo me empuja con fuerza hacia arriba, fuera del pozo del que parecía imposible salir. La vida me llama. Aún tengo cosas que aprender y frases que escribir.

De modo que aquí estoy, enganchada de nuevo a la vida y sus quehaceres. Espero que podamos compartir algunos buenos ratos. De momento, si queréis, nos vemos el sábado en el CC Blas de Otero y la semana próxima en la Feria del Libro de Madrid.

Felices encuentros.

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CANCIONES DE AMOR EN PRIMAVERA

Estamos de enhorabuena y mi nueva novela va a empezar su viaje hacia los lectores. Tenemos más de una presentación a la vista y día de firmas en la Feria del Libro… Toda una fiesta para presentar en sociedad a la niña de la casa.

– A ver si me va a destronar esa niña – dice Bardita, que está sentada frente a mí, pendiente de mis movimientos. Creo que quiere salir a pasear.
– Nadie va a quitarte a ti el puesto, peluche. Las letras son las letras y tú eres mi bebé canino.
– Ah, menos mal. Me tenías preocupada. Como últimamente no haces más de manosear la nueva novela y reírte a carcajadas con las noticias del telediario, pensé que se te estaba yendo la olla.
– Claro, es que estoy tan contenta de que las ranas al fin vayan a la cazuela, que estoy alcanzando el nirvana. Sólo imaginar las colas que va a haber los días de visita en Soto del Real, ya le alegra a una las mañanas. Aunque aun hay demasiado caco suelto en la Comunidad de Madrid.
– Y cacas – dice Bardita y creo ver una sonrisa maliciosa formándose bajo su negra trufa.
– Hablando de cacas, vamos a dar ese paseo, no la vayamos a liar.

Barda se pone en pie contenta y me sigue hasta la puerta. Hoy hay que abrigarse, Abril se está terminando y, sin embargo, algunos días parece que estamos en Febrero. Pero aunque caigan chuzos de punta, mañana presentaré mi novela en la Librería Gaztambide de Madrid, y a finales de Mayo en el Centro Cultural Blas de Otero en San Sebastián de los Reyes. También en Mayo, el día 30, si queréis, nos veremos en la Feria del Libro de Madrid donde estaré firmando ejemplares.

Felices Canciones de Amor en primavera.

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DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER Y AFILANDO EL LÁPIZ

Música y poesía El grito

El tiempo es un animal extraño. Hay meses y años que transcurren lánguidos y semanas tan intensas que apenas podemos hacer un recuento de los días. El dolor de los que amamos, a menudo, pesa más que el propio y nos enfrenta a tristezas hasta el momento desconocidas. Últimamente siento que mis pies tratan de avanzar sobre una navaja afilada. Cualquier presión puede desangrarme y una inesperada ráfaga de viento, arrojarme a un abismo al que ni siquiera me atrevo a mirar. Sin embargo, aquí sigo, aprendiendo nuevas formas de conjugar los verbos de la vida y tratando de seguir soñando. La palabra escrita siempre ha sido mi aliada y mi refugio. Y aunque en los últimos meses haya hecho poco ruido, he seguido amasando palabras y soltando improperios ante las noticias que nos regala el mundo y nuestro triste país.

– El día que no lo hagas habrá que preocuparse- dice Bardita estirándose y sentándose frente a mí. – Yo lo que creo – continúa – es que te has acomodado en la pereza y ahora te cuesta arrancar.
– Sabes que de vaga tengo poco, Barda.

Debo reconocer que el lápiz que uso para este blog lo tengo poco afilado. Además, se me han ido acumulando tanto los deberes, que cada vez que trato de asomar por aquí, casi no sé por dónde empezar. Sobre nuestros corruptos y bandarras, poco más puedo decir que no haya dicho ya. A Donald Trump sí le leería bien la cartilla. Ese tipo es lo más peligroso que le ha podido ocurrir a este planeta. Es un generador de odio, un asno ascendido al olimpo del poder. Llevarle a la presidencia ha sido como regalarle una metralleta a un tarado. En realidad, sobra el “como”. Gracias a sus votantes habrá más guerras, más muros, más injusticia y la humanidad seguirá dando pasos hacia atrás.

– Con lo graciosos que son sus colores de borrachín y su flequillo desubicado… – dice Barda-
– Ese chalado no tiene maldita la gracia, peluche.
– Me parece que estás perdiendo el sentido del humor.

Puede que mi perrita tenga razón. Me cuesta encontrarle el chiste a ciertas cosas, en especial a la situación de la mujer en el mundo. Eso es lo que, en realidad, me ha traído a empujones a escribir estas líneas. Los datos de la desigualdad ya son conocidos y poco se puede añadir. Pero cómo no desempolvar todo el repertorio de palabrotas conocidas y por conocer ante tantas agresiones, violaciones y asesinatos. Es indignante vivir en una sociedad que genera tipos capaces de amordazar y violar en grupo a una septuagenaria, como ha sucedido este fin de semana. Tipos capaces de maltratar y asesinar a sus parejas y a sus propios hijos para vengarse de la que ya no quiere vivir con él. ¿Qué sociedad aguanta todo esto sin apenas tomar medidas? Nuestros gobernantes siguen poniendo tiritas a un derrame salvaje que afecta a todo el tejido social. Avergüenza que el macho cavernario siga campando a sus anchas.

– Como me lo encuentre yo, ya verás- dice Bardita colocándose en una de sus poses favoritas: la de pescadilla de enroscar.

Abro la boca para responder, pero las palabras se quedan en suspenso. En la radio suena un tema de Pink Floyd que me traslada a otro plano de la vida. La música tiene esa cualidad, la de transportarnos a diferentes rincones de nuestro yo. La música y la literatura tienen la fuerza necesaria para cambiar la fisonomía del mundo. Una canción o un poema pueden triturar los muros del odio y de la ignorancia.

Bardita, en un instante, se ha quedado dormida y resopla moviendo las patas delanteras. Debe estar enredada en alguna carrera onírica. No hagamos ruido, no vaya a despertarse.

Si queréis, el viernes nos vemos. Cantaremos en el Centro Cultural Blas de Otero por la libertad de las mujeres, que es la libertad de todos.

Feliz día Internacional de la Mujer.

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EL PAÍS DE LOS CHANCHULLOS Y TENER A MANO UNA ISLA

Cuando me pica el alma

Cuando me pica el alma

Dice el filósofo Epicteto que “si consigues una sola vez dilatarlo en el tiempo, te dominarás más fácilmente”. Se refiere al insulto. Yo, que en temas sociales y políticos, soy de calentón fácil, llevo unos días mordiendo el boli para escribir estas líneas desde la mesura. No es que me importe mucho lo que nadie pueda pensar sobre mí. Pero si llego a escribir esta entrada el lunes por la mañana, no sé si habría tenido a mano palabrotas suficientes.

  • Pues sabes unas pocas, me consta – dice Bardita que está tumbada a mis pies –. Aunque a lo mejor se te han olvidado, con esas cosas tan raras que lees últimamente…

Mi perra tiene razón, de un tiempo a esta parte he perdido el gusto por la literatura contemporánea. Sé que regresará ese placer, pero ahora hay muchas cosas que me resultan vacías y previsibles, como quien se asoma a un mundo demasiado infantil. Cuando a uno le muerde de forma despiadada la desgracia, no encuentra alivio en menudencias y menos aun en algunos tostones que se publican hoy en día. Lo mejor es regresar a los autores que nos dieron pistas para encontrar nuestro camino. O preguntarle a los filósofos y a los poetas. Leer es conversar con otras mentes, vivas o muertas, y cuando uno está anclado en el dolor, necesita interlocutores lúcidos y serenos. Igual que volvemos a Mozart y a los Beatles, en busca del sosiego que nos ayude a reordenar el mundo…

  • Me parece que el que va a ordenarlo todo va a ser el Rajoy ese con nuevos recortes – mi perra me interrumpe haciéndome aterrizar en la actualidad.
  • Lo que más me gusta de ti, Bardita, es que vives en el momento presente- me agacho y le rasco detrás de las orejas.

La verdad es que cuando uno está inmerso en una crisis vital necesita a los afectos para regresar al ahora, al hoy, que al fin y al cabo, es lo único que tenemos. Pero el hoy de nuestro país tiene la cualidad de avergonzarnos. Al menos a mí. Cuando un pueblo apoya con su voto a un partido político corrupto hasta las trancas y que se comporta como una auténtica mafia, es que tiene la misma catadura moral. A una parte de la ciudadanía española, la corrupción no le estorba. Se ve que este país sigue siendo un hervidero de ladrones y chanchulleros. Un antro donde se aplaude al sinvergüenza y se encumbra al zoquete que no sabe hacer la o con un canuto.

  • Ya te estás enfadando- dice Barda dejando a un lado su juguete y mirando alrededor para decidir dónde tumbarse.
  • Es que es muy triste, peluche, además de los recortes que terminarán de asfixiarnos, a la libertad de expresión y a la cultura se les está haciendo un daño irreversible. Al final nos acostumbraremos a estar calladitos.
  • Tú no creo – dice bostezando y tumbándose de medio lado.

Seguramente, en esto también tiene razón. Mientras tenga manos para escribir y voz que prestarle a mis ficciones, será difícil enmudecerme.

Confío en que a vosotros tampoco os tapen la boca. Y si lo hace alguien, que sea a besos. Espero que este verano tengáis a mano alguna isla donde reposar aunque no os alejéis ni un metro de vuestra casa. Las islas se encuentran con facilidad si uno las busca seriamente. La música y la lectura, la sonrisa de los que amamos o una terraza donde conversar con un buen amigo, podrían servir. Lo importante es naufragar a conciencia. No caer en la tentación de mirar demasiado al horizonte. Y si algún barco intenta rescatarnos, correr a escondernos detrás de unas rocas.

Feliz verano.

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PIDO PERMISO PARA LLORAR

Marina y la alegría

Marina y la alegría

Un abril de hace mucho tiempo, mi hermana Marina, con apenas dos años, salió de casa dispuesta a saborear la libertad. Era una preciosa muñeca y mientras yo nacía en un hospital cercano, se escurrió por alguna puerta entreabierta y recorrió el barrio en busca de aventuras. Casi puedo imaginarla con sus rizos negros y sus ojos pícaros, mirándolo todo con curiosidad y enamorando a los que la veían, asombrados, avanzar por la calle Palencia. Este suceso, que acompañó a mi nacimiento, fue tantas veces contado en reuniones familiares, que a veces creo que estuve allí. En mi memoria se ha grabado la imagen de la comisaría donde finalizó el episodio y puedo ver a Marina sentada sobre las rodillas de un poli bueno mientras golpea con sus pequeños dedos las teclas de una máquina de escribir. Ahora, muchos años después, ha vuelto a escaparse, pero por una puerta que da a un barrio desconocido.

Desearía tener la habilidad de narrar tu historia y todas las que tengan que ver contigo, como si fueran cuentos de hadas, como a ti te gustaba. Pero últimamente no me llegan las palabras.

Desde que te fuiste busco los verbos y adjetivos que sirvan para describir nuestra desolación. Pero a veces las palabras no son suficientes. Quizá por eso nunca me gustaron los desnudos sentimentales en público, por esa incapacidad que tenemos de hablar de lo nuestro, de lo que de verdad encoge nuestro maltratado corazón. Ahora, sin embargo, es inevitable, tu ausencia lo abarca todo y si no hablo de este dolor nunca podré volver escribir una palabra sobre ninguna otra cosa. Y durante un tiempo, que tal vez sea largo, tendré que pedir permiso allá donde vaya para llorar sin consuelo.

Madrid te ha despedido lloviendo sin descanso. El llanto de las ciudades es así, y tu querida Madrid, ha dejado caer sobre nuestras penas litros de agua preciosa que ya no mojará tu boca. Madrid no quiere olvidarte, nunca lo hará, ni yo tampoco. Estarás para siempre en cada uno de mis rincones, cada una de mis letras y cada una de mis lágrimas. Puede que te hayas ido lejos, a algún lugar inalcanzable, pero de alguna forma, siento que estás aquí, jugando al escondite, como en una infancia recuperada, en nuestro patio de Cuatro Caminos.

Hace más de un mes que tuvieron que desconectarte de la vida que tanto amabas. Sin embargo, en algunos momentos, mientras pienso en ti y en mi tristeza, oigo crujir una pared cercana o algún papel se agita con un inexplicable movimiento del aire. Entonces cierro los ojos y me digo: ahora me hará llegar un mensaje, algún consejo o un secreto que no tuvo tiempo de contarme. En algunos momentos juraría que no te has ido, que sigues cerca, en la habitación de al lado, aunque seguramente sea una sensación producto de mi deseo.

A veces miro hacia lo alto y en las nubes veo dragones y seres mágicos que trotan alegres por las praderas celestes. Como heraldos de algún lugar fabuloso, traen tu voz envuelta en sus risas: “Estoy bien”, llega hasta mi oído, “pareces tonta”. Entonces siento que la congoja se afloja y me entretengo un rato fantaseando como una cría. Te imagino organizando fiestas en los bares del cielo, tomando hidromiel y haciendo nuevos amigos recién llegados, para conocerte, de las tierras lejanas del mundo de Fantasía. Veo a elfos, hadas y duendes ligeros como plumas guiándote hacia un bosque mágico donde te desvelan todos los secretos del universo. Después, ya contenta y desnuda, te llevan en volandas hasta la playa de un mar limpio y cálido, el mar que tanto amabas. Y tal vez allí, sentada en la orilla del tiempo, veas llegar una figura grande, de rostro barbudo y ojos brillantes: Alfredo, el amor de tu vida, que ha ido tras tus pasos sin poder remediarlo. Os imagino riendo y bailando bien abrazados mientras las olas os mojan los pies y un sol prodigioso de mil colores se pone lentamente al otro lado.

Olvidaste decirme cómo encontrar la senda de los unicornios.

Te querré siempre, hermana.

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ESO DE LA HOJA EN BLANCO Y EL MUNDO SEGÚN LAS MUJERES

Nosotras, que nos queremos tanto...

Nosotras, que nos queremos tanto…

Pocas cosas me ilusionan más que enfrentarme a la hoja en blanco. Eso que ha aterrado a tantos escritores a lo largo de la historia, a mí, sin embargo, me emociona. Debo reconocer que siempre he sido un poco rara. Cada uno es cada cual. Mi experiencia es que la hoja en blanco ofrece opciones infinitas. Las historias se agitan en el caldo de los viejos sueños, me persiguen y mantienen su asedio durante semanas, hasta que escribo la primera frase. Una vez el primer párrafo está en su lugar, ya no hay nada que hacer y la caterva de figuras repudiadas se retira a las sombras. Desde ese momento, todo es hilar frase tras frase, seguir en silencio al protagonista, aguzar el oído y ejercitar el ya endurecido músculo de la paciencia. La tarea es ardua, pero si todo va bien, un par de años después, el esfuerzo habrá merecido la pena.

– ¿No decías que ibas a tomarte un tiempo de descanso?- pregunta Bardita soltando el juguete que tenía en la boca y clavando en mí sus enormes ojos negros.
– Eso quería, pero está visto que los que nacemos trabajadores no tenemos remedio.
– Pues deberías aprender de esa ex-alcaldesa tan famosa, que ya no va ni al Senado a fichar.
– Menudos ejemplos vitales me pones, peluche. Esa carroña abusona no es un modelo a seguir.

Al paso que llevamos no nos deshacemos de los corruptos ni con lejía. Estamos viviendo tiempos políticos complicados: nos ilusionamos para, un día después, desilusionarnos. Cuando parece que tenemos al alcance de la mano una España mejor, ahí están nuestros representantes para recordarnos que somos rehenes de los mercados. Que votemos lo que votemos tenemos que tragar el ricino del capitalismo salvaje. La cobardía chanchullera de nuestros políticos da ganas de vomitar.

– En fin, Bardita, a veces creo que España tiene lo que se merece.
– ¡Ah, no!, me gusta más cuando estás esperanzada y peleona – dice dando un salto, subiéndose al sillón y tumbándose a mi lado para lamerme las manos.
– Tranquila, Barda, sólo es un bajón. Mi lado femenino es muy guerrero y no se va a dejar amilanar por unos políticos mediocres.

Afortunadamente, las mujeres somos luchadoras por naturaleza. Ahora que llega el Día de la Mujer Trabajadora, me pregunto si hay alguna que no sea eso: trabajadora. La mujer sigue cargando con el peso de las tareas del hogar y cuando trabaja fuera de casa, gana menos que sus compañeros masculinos. Las mujeres siguen siendo víctimas de las mayores injusticias, han sido y siguen siendo violadas, prostituidas, maltratadas y sobre todo ignoradas. Nuestras sociedades machistas, alentadas por religiones aun más machistas, llevan siglos ninguneando a las pintoras, escritoras, filósofas y a toda aquella que no se haya resignado a quedarse en las cocinas. Nunca conoceremos la historia del mundo según las mujeres. Hasta ahora, la historia la ha escrito el hombre: una larga crónica de guerras interminables, que sostienen una economía asesina basada en la venta de armas. Una triste crónica de abusos contra la mujer, de violaciones y extorsiones que siguen manteniendo en pie el vergonzoso tráfico de esclavas sexuales. Pero el futuro, si lo hay, se escribirá con letra de mujer, con la letra de la igualdad. La esperanza para este planeta, tan maltratado como sus inquilinas femeninas, es un cambio de rumbo.

– Aunque a veces, Bardita, ese cambio parece imposible.

Nada más pronunciar la frase, me doy cuenta de que Barda duerme panza arriba a mi lado. Supongo que las cuitas humanas en este momento le importan bien poco. Esta mañana hemos dado un buen paseo y debe estar cansada. Aunque, en realidad, no necesita excusas para dormir, esta perrita está en paz consigo misma. Hoy ya ha cumplido con sus deberes de vigilancia del barrio mientras ha ido dejado señales invisibles que indican: “aquí estuve yo”. Un poco lo que me ocurre a mí con la escritura, el buril ideal para dejar constancia de que yo también estuve aquí.

Feliz marzo.

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ACOGIDA URGENTE DE DUENDES DEL CANTÁBRICO

Feliz 2016

Feliz 2016

El año se termina y atrás quedan miserias y alegrías. En estas fechas, cada uno hace su balance y ve lo malo y lo bueno que los últimos doce meses le haya podido deparar. Yo no suelo hacerlo, prefiero mirar hacia adelante y confeccionar una buena lista de planes, que en su mayor parte no cumpliré. Lo importante es tener ilusiones y alguien a quien querer. En los próximos meses, yo, desde luego, voy a estar muy ocupada: se me ha llenado la casa de duendes y tengo que poner un poco de orden. Algunos han tomado posiciones entre mis libros y la pobre Barda no para de dar dentelladas a diestro y siniestro porque en cuanto se descuida sale un ocupa que le roba su cama. A mí me dan un poco de pena, vienen huyendo de los incendios que arrasan las tierras del Cantábrico. El norte de este bonito país arde. Para alegría de constructores que lo llenarán todo de hoteles y urbanizaciones, muchos de nuestros rincones más hermosos irán desapareciendo. Algo más que hay que agradecerle al gobierno de Rajoy.

  • ¿No decías que hoy no ibas a hablar de política?- dice Bardita dando una patada a un busgosu que lleva un rato jugando con su rabo.
  • Tienes razón, peluche, ya cambio de tema. Además, como me enrede va ha haber cohetes en todas las direcciones. Nos tienen contentos a derecha e izquierda. Este país no aprende.
  • Más cohetes no, por favor, estoy harta de taparme lo oídos para no oír los petardos del barrio.
  • No te preocupes, pequeña, ya están a punto de marcharse estas fiestas ruidosas con sus compulsiones consumistas.

La verdad es que sólo he asomado por aquí con la intención de desearos lo mejor para el año que está a punto de empezar. Últimamente me acerco poco a este blog, he estado muy ocupada peinando y repeinando mi nueva novela. Confío en que podréis leerla el próximo año. Ese es uno de mis buenos propósitos para el dos mil dieciséis; lo de bajar barriga ya ni me lo planteo. Veo que Bardita esconde la cabeza entre las patas, no sé si trata de ocultar una risa canina o si algún lepruchino le está tirando de los pelos del hocico.

Feliz 2016, espero que se cumplan vuestros deseos, que tengáis salud, música y buenas lecturas. Y ya sabéis, si tenéis un hueco en casa siempre podéis acoger a un par de duendes de los que se han quedado sin techo, perdón, quería decir sin bosque.

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LA INDIGNACIÓN POR BANDERA Y PRONTO TENDREMOS TODOS UNA PISTOLA

Seguir soñando

Seguir soñando

Barda acaba de cumplir ocho años y mi libertad también. Ocho años de amor y de descubrir lo poco que necesitamos para ser felices. Soy afortunada. Pero aunque me liberé hace años de los males del trabajador asalariado, conservo intacto el sentimiento de solidaridad. Ese espíritu de lucha por los bienes comunes nunca me abandonará. Quien tuvo, retuvo. Yo, que soy una libertaria, añoro los tiempos en que soñábamos con un mundo mejor. Un mundo donde los pequeños comercios aun tenían esperanza de subsistir. Las librerías, mercerías, y tantos rincones cálidos que visitábamos buscando a los que saben de verdad sobre lo que necesitamos para coser y para tener la mente bien amueblada. Esos ochenta maravillosos en que creíamos que el arte es el medio perfecto para tocar las estrellas. Yo sigo creyéndolo. Creo en un mundo donde las multinacionales no organicen nuestros gustos, nuestras necesidades y nuestros ánimos. Las series yanquis nos colonizan y ya pronto tendremos todos una pistola. Con la sanidad privada muchos se frotan las manos y lo mismo sucederá el día en que algún mal nacido haga campaña por el derecho a defender su hogar. Con una pistola que él mismo nos venderá. La bandera de la falsa libertad.

  • Mira que tienes manía a los yanquis – dice Bardita que mordisquea a mis pies un calcetín rescatado de debajo de la cama-.
  • No, peluche, sé que también tienen cosas buenas, pero como sociedad, no son precisamente dignos de imitación. Los poderosos señores del capitalismo y de las multinacionales saben cómo meter el veneno de la estupidez en la piel de los ciudadanos. De marketing lo saben todo. Venden que no veas.

Aquí, desde luego, tienen el terreno abonado. El ciudadano inculto es más vulnerable. El ciudadano poco ilustrado se deja engañar y ejerce el voto del miedo. Por culpa de su ignorancia nos roban la sanidad pública, la educación y sobre todo la cultura. A cualquiera que se le diga que hay más de un veinte por ciento de gente dispuesta a votar al partido que nos gobierna, al partido de la corrupción y de la mentira, ¡manda narices! ¿Existirá otro país con tantas tragaderas?. Yo desde luego llevo la indignación por bandera. Pero los que más saben de eso, de banderas, son los del PP. La banderita de España en el pecho y en la cartera la de Suiza o la de cualquier otro paraíso fiscal. ¡Gentuza!. Se ve que los que aun van a votarles, no se enteran. Desde luego, Franco hizo un trabajo exquisito, condenó a media España al analfabetismo crónico. Somos la vergüenza de Europa.

  • ¿Y de los nacionalistas catalanes, qué me dices?-
  • Pues otros listos, Barda. Mientras se ensalza en patrioterismo la población olvida el hambre. Es un dogma.

Veo que Barda ha dejado de lado el calcetín y me mira con unos ojazos negros que atraviesan.

  • Me alegra ver que vuelves a las trincheras. Últimamente estabas un poco moñas, la verdad. Me tenías preocupada.
  • Hay cosas que están insertadas en la propia naturaleza y no se pierden nunca.

Mi perra bosteza, deja a un lado el calcetín y se hace una rosca.

  • Creo que voy a echar una cabezadita.
  • Tú si que sabes de la vida. Disfruta.

Mientras ella echa el lazo a su calcetín onírico, giro el cuerpo y me enfrento al metafórico papel en blanco. Yo, que soy como una hormiguita, siempre lo tengo lleno. Mi nueva novela cabalga impetuosa hacia su final. El mundo exterior podrá hacernos sonrojar de vergüenza, pero la literatura, siempre estará ahí para alfombrar nuestros sueños.

Os deseo que sobreviváis a la campaña electoral.

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TOCAN A MUERTO POR UN BECERRO

El becerrito

El becerro con su madre

Mira, Bardita, te lo explicaré de una forma sencilla -Barda me ha hecho una pregunta sobre las becerradas y está sentada en el suelo frente a mí-. -Unos tipejos sin corazón, arrancan del lado de sus madres a los becerritos de uno o dos años y los arrastran aterrorizados a un destino desconocido. Los meten en una plaza, les clavan espadas y les martirizan de todas las formas posibles. En algunos lugares les cortan las orejas aun vivos, ignorando sus gritos y su agonía. Los becerros buscan a sus madres aterrorizados hasta que caen sangrando, vencidos, mirando al cielo en busca del aire que ya no llega a sus pobres pulmones. Eso va a suceder en San Sebastián de los Reyes en los próximos días.

-!Qué bestias¡ – exclama Bardita y se pega a mis piernas, asustada – no puedo entenderlo-. 
-Yo tampoco, pequeña – Le rasco detrás de las orejas para tranquilizarla-.

Los humanos venimos al mundo con un paquete emocional más o menos completo. Dentro de ese paquete mágico, está nuestra capacidad de amar y entre otros dones, la empatía. Se ve que algunos vienen con esa parte amputada. Esos catetos miserables capaces de ensañarse haciendo sufrir a un animal, deben tener castrada parte de su humanidad. La compasión, el ponerse en la piel del otro, es lo que dignifica al ser humano. Quien es capaz de torturar con saña a un pobre mamífero indefenso debe ser despreciado y apartado de nuestra civilización. Son especímenes que tienen alguna incapacidad para evolucionar y apenas se han alejado unos pasos de las cavernas.

-¿Y los políticos lo permiten? – pregunta mi perra, ya más tranquila.
-No sólo lo permiten, lo promocionan y le dan nuestra pasta a los ganaderos, en contra de lo que les pide la mayor parte de los ciudadanos. Luego les extrañará que muchos no vuelvan a acercarse a las urnas en su vida.
-Pues yo creo que me voy a dormir a ver si se me pasa este susto. Lo que me has contado me ha puesto mal cuerpo. Mira que si un día vienen a por mí… -.
-No te preocupes, peluche, te llevarían por encima de mi cadáver.

Bardita se hace una rosca a mis pies y al momento su respiración tranquila me dice que corre por sus praderas oníricas detrás de algún conejo.

Estos días tocan a muerto. La tristeza encoge el corazón de los más sensibles, mientras los otros, los que no han evolucionado, afilan sus cuchillos. Los torturadores tienen vía libre. Pronto seréis repudiados por todos y pasaréis a la historia como los canallas que sois.

Feliz semana

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